filosofia aqui y ahora

lunes 5 de abril de 2010

El salario y el capital

¿Qué es el salario? ¿Cómo se determina?
Si preguntamos a los obreros qué salario perciben, uno nos contestará: «Mi burgués me paga un marco por la jornada de trabajo»; el otro: «Yo recibo dos marcos», etc. Según las distintas ramas del trabajo a que pertenezcan, nos indicarán las distintas cantidades de dinero que los burgueses respectivos les pagan por la ejecución de una tarea determinada, v.gr., por tejer una vara de lienzo o por componer un pliego de imprenta. Pero, pese a la diferencia de datos, todos coinciden en un punto: el salario es la cantidad [155] de dinero que el capitalista paga por un determinado tiempo de trabajo o por la ejecución de una tarea determinada.

Por tanto, diríase que el capitalista les compra con dinero el trabajo de los obreros. Estos le venden por dinero su trabajo. Pero esto no es más que la apariencia. Lo que en realidad venden los obreros al capitalista por dinero es su fuerza de trabajo. El capitalista compra esta fuerza de trabajo por un día, una semana, un mes, etc. Y, una vez comprada, la consume, haciendo que los obreros trabajen durante el tiempo estipulado. Con el mismo dinero con que les compra su fuerza de trabajo, por ejemplo, con los dos marcos, el capitalista podría comprar dos libras de azúcar o una determinada cantidad de otra mercancía cualquiera. Los dos marcos con los que compra dos libras de azúcar son el precio de las dos libras de azúcar. Los dos marcos con los que compra doce horas de uso de la fuerza de trabajo son el precio de un trabajo de doce horas. La fuerza de trabajo es, pues, una mercancía, ni más ni menos que el azúcar. Aquélla se mide con el reloj, ésta, con la balanza.

Los obreros cambian su mercancía, la fuerza de trabajo, por la mercancía del capitalista, por el dinero y este cambio se realiza guardándose una determinada proporción: tanto dinero por tantas horas de uso de la fuerza de trabajo. Por tejer durante doce horas, dos marcos. Y estos dos marcos, ¿no representan todas las demás mercancías que pueden adquirirse por la misma cantidad de dinero? En realidad, el obrero ha cambiado su mercancía, la fuerza de trabajo, por otras mercancías de todo género, y siempre en una determinada proporción. Al entregar dos marcos, el capitalista le entrega, a cambio de su jornada de trabajo, la cantidad correspondiente de carne, de ropa, de leña, de luz, etc. Por tanto, los dos marcos expresan la proporción en que la fuerza de trabajo se cambia por otras mercancías, o sea el valor de cambio de la fuerza de trabajo. Ahora bien, el valor de cambio de una mercancía, expresado en dinero, es precisamente su precio. Por consiguiente, el salario no es más que un nombre especial con que se designa el precio de la fuerza de trabajo, o lo que suele llamarse precio del trabajo, el nombre especial de esa peculiar mercancía que sólo toma cuerpo en la carne y la sangre del hombre.

Tomemos un obrero cualquiera, un tejedor, por ejemplo. El capitalista le suministra el telar y el hilo. El tejedor se pone a trabajar y el hilo se convierte en lienzo. El capitalista se adueña del lienzo y lo vende en veinte marcos, por ejemplo. ¿Acaso el salario del tejedor representa una parte del lienzo, de los veinte marcos, del producto de su trabajo? Nada de eso. El tejedor recibe su salario mucho antes de venderse el lienzo, tal vez mucho antes de que haya acabado el tejido. Por tanto, el capitalista no paga este [156] salario con el dinero que ha de obtener del lienzo, sino de un fondo de dinero que tiene en reserva. Las mercancías entregadas al tejedor a cambio de la suya, de la fuerza de trabajo, no son productos de su trabajo, del mismo modo que no lo son el telar y el hilo que el burgués le ha suministrado. Podría ocurrir que el burgués no encontrase ningún comprador para su lienzo. Podría ocurrir también que no se reembolsase con el producto de su venta ni el salario pagado. Y puede ocurrir también que lo venda muy ventajosamente, en comparación con el salario del tejedor. Al tejedor todo esto le tiene sin cuidado. El capitalista, con una parte de la fortuna de que dispone, de su capital, compra la fuerza de trabajo del tejedor, exactamente lo mismo que con otra parte de la fortuna ha comprado las materias primas —el hilo— y el instrumento de trabajo —el telar—. Una vez hechas estas compras, entre las que figura la de la fuerza de trabajo necesaria para elaborar el lienzo, el capitalista produce ya con materias primas e instrumentos de trabajo de su exclusiva pertenencia. Entre los instrumentos de trabajo va incluido también, naturalmente, nuestro buen tejedor, que participa en el producto o en el precio del producto en la misma medida que el telar; es decir, absolutamente en nada.

Por tanto, el salario no es la parte del obrero en la mercancía por él producida. El salario es la parte de la mercancía ya existente, con la que el capitalista compra una determinada cantidad de fuerza de trabajo productiva.
texto de marx

lunes 22 de marzo de 2010

UN MUNDO CERRADO COMO POSIBILIDAD DE UN MUNDO ABIERTO

La capacidad reflexiva del hombre durante todo el recorrido histórico lo ha llevado a reconocerse como un micro cosmos, dentro un macro cosmos; este micro cosmos lo llamare posibilidad de mundo, que al mismo tiempo será cerrado y abierto; Ya que está determinado por estructuras que lo hacen con esta doble posibilidad. En primer lugar, lo que quiero decir con mundo cerrado es sencillamente que el hombre es un ser con una estructura interna propia y única, en la cual pueden acontecer millones de variaciones que provocan esquemas cerrados intrasmitibles o no ser queridos trasmitidos; cuando hablo de mundo cerrado no entiendo un mundo que no permite que entre nada, lo contario es un mundo que esta tan expuesto a la realidad que le permite fabricar sus propios esquemas y conceptos para alimentar su estructura interna.

La posibilidad, la describiría como el puente entre estos dos mundos, que los faculta para crear, recrear, amar y enfrentarse a la realidad que los afecta internamente y que se expresa en la mente creadora del tiempo. La posibilidad, es sinónimo de educación, la cual le permite al hombre, comprender su mundo, lo lleva a hacer escenarios en lo que imagina y recrea, dando como resultado el pensamiento, que a la vez por encontrarse en medio de la reflexión interna es “complejo, rechazando la aceptación de formulaciones o soluciones simplistas. Este pensamiento debe exhibir unidad, integridad y coherencia, y por supuesto evidencia.

Es desde esta comprensión del hombre como posibilidad creadora capaz de pensar donde se concibe como un mundo abierto, sencillamente porque se expone a un exterior distinto de si mismo pero que expresa el sí mismo. El mundo abierto le permite al hombre enfrentarse con otras posibilidades o con otros pensamientos, que el hombre destruye y construye; aquí el hombre se vuelve hipotético suscita y crea teorías, que afectaran su preocupación por su propia existencia y la del cosmos.

Este mundo cerrado y este mundo abierto, le permite al hombre admirarse, es decir maravillarse de que las cosas sean como son y del esfuerzo que hace por plantearse las preguntas que la experiencia del asombro le suscita.

Olger Hernández Valbuena
Estudiante de filosofia

de la FUNLAM

"FILOSOFÍA Y CULTURA"

Como en todas las ramas del saber siempre se ha presentado un constante desacuerdo en definir su estatuto epistemológico y en su autodefinición, la filosofía no es ajena a esta realidad, en todas las etapas de la historia se ha buscado una definición a partir del pensar contextualizado de los filósofos que intentan definirla desde una realidad propia. Es el caso de John Dewey que al evitar un choque entre las definiciones planteadas, hace un planteamiento empírico que evidenciara las posturas filosóficas históricas: ¿en qué ha consistido históricamente la filosofía?, ¿qué muestra un análisis de la filosofía como conducta intelectual? La propuesta de Dewey se origina a partir de aquellos que se distinguen como filósofos por concebir la filosofía de cierta manera. Por lo tanto según este autor la filosofía se ha interesado en primer lugar, por la defensa o la crítica, según los casos, de ciertas formas y estilos de vida, creencias y acciones de la cultura de la que formaban parte. Las diversa filosofías han logrado condensar lo que una cultura ha sentido y expresado llevando en contracorriente ciertas doctrinas dominadoras que buscaban la destrucción cultural. Por tanto la filosofía recobra sentido universal allí en un contexto articular enraizado en una manera concreta de pensar.

Aunque la filosofía este abrazada a una cultura determinada, las diversas relaciones entre la historia de la filosofía y los problemas derivados del cambio y conjunto cultural, no son evidentes, esto es causado por diversas situaciones; en primer lugar por la reflexión de los filósofos que parten de reflexiones ya elaboradas de sus antecesores dejando atrás un aquí y ahora concreto de una cultura, basándose básicamente en la reinterpretación de la cultura a partir de modelos de pensamiento anteriores. En segundo lugar algunos filósofos centrando sus reflexiones en o problemas espacio temporales, han olvidado la reflexión filosófica desde una problemática social determinada, a veces pareciera que sus reflexiones fueran contraías al realidad particular de la cual hacen parte.

Dewey ha podido evidenciar, haciendo un examen detenido del contexto cultural en que se produce la reflexión filosófica, que los problemas a propósito de la creencia y del valor deben encontrarse, con diferentes grados de complejidad, en todos los campos de la filosofía. Estos ámbitos o campos determinados son: la ética, la lógica, la epistemología y la metafísica. Desde aquí la reflexión concreta parte de una elección determinada por algún campo de acción que permita direccionar dicha reflexión; cuando se adentra en un tipo de conocimiento hay cabida a la siguiente pregunta: ¿cuáles lugar y el papel del conocimiento y la razón en la conducta de la vida? Esta pregunta surge desde el momento que intentamos comprender que seguimos y desde que fijamos defender nuestro método de elección de un determinado punto de reflexión.

Para dedicarse a un punto de reflexión concreta Dewey plantea que toda la "reflexión filosófica histórica debe tener como prioridad la relación entre las cosas y los valores, olvidarnos de la preocupación científica y metafísica acerca de la organización de las cosas en un tiempo y espacio determinado para céntranos en lo concreto, es decir en lograr definir que son los valores, cómo se obtienen y se justifican y qué lugar tienen dentro de la organización de nuestra experiencia dentro de un esquema coherente debe ser la preocupación continua en la reflexión de un filosofo; se descarta aunque no quitándole importancia la reflexión de problemas metafísicos tradicionales que se ha caracterizado por imponer al mundo ciertos esquemas de valores en orden a justificar un conjunto de instituciones socialmente existentes mediante una presunta deducción a partir de la naturaleza de la realidad".

En centrarnos en los valores, como aquellos que logran definir la reflexión continua del hombre, suscita un inquietud constante entre la diferencia entre aquel que reflexiona filosóficamente a partir de ellos y aquel reflexiona desde el ámbito social, es decir ¿cuál es la diferencia entre el filosofo y sociólogo respecto al reflexión centrada en los valores? Según Dewey la diferencia es esta: el sociólogo toma los valores como actos sociales de la misma clase que otros actos sociales mientras que el filósofo está interesado en la evaluación de los valores, en una análisis de lo que pasa por valioso, con la intención de indagar si en efecto se juzga verdaderamente como valioso. Para esta valoración no es ajena la reflexión del sociólogo respecto a las causas, contextos y consecuencias de los valores.

Teniendo en cuenta el papel de la filosofía y su valor histórico vamos ahora a presentar en la propuesta que hace Dewey sobre el papel de la filosofía en el mundo de hoy.
Su propuesta es una invitación concreta a los filósofos a que enfrenten directamente los principales problemas y creencias de nuestra sociedad, hagan explícitos los valores que admitimos, proyecten alternativas de elección social, estudien los métodos de investigación, formules una teoría de investigación, todo esto con la intención que afronten los problemas concretos de un tiempo o época determinada.

En todo lugar donde se encuentre un problema fundamental de valoración, todo filósofo tiene un puesto indispensable, no como solucionador ni analista de dicho problema, sino como aquel que tiene la capacidad de hacer una reflexión crítica, teórica y práctica de dicho problema.
Al filósofo no solo le compete el análisis social sino que está llamado a que mediante la elaboración de una teoría crítica sea un trasformador social.

En conclusión el filosofo hoy está llamado a encaminar su reflexión crítica, a partir de los valores y las creencias de una cultura determinada, en la cual se encuentran enraizados los principales problemas del hombre, para ello es necesario abordar el pensamiento desde una dimensión netamente social que permita transformar el quehacer cotidiano del hombre a partir de elementos tan básicos, como la educación y la política etc. Para ello el filosofo debe ser consciente de su lugar en una contexto determinado, el cual lo puede modificar, lo puede hacer en incluso lo puede determinar.

Ensayo publicado por Olger Hernández
Tomado del Artículo filosofia y cultura.




martes 2 de marzo de 2010

CAMUS



"No camines delante de mí, puede que no te siga. No camines detrás de mí, puede que no te guíe. Camina junto a mí y sé mi amigo."